



Sham Zafiro
Artista y Productor
Aura: Plateada y Azul
Habilidades: Presencia
Debilidades: Tendencia a la introspección prolongada
Frecuencia Natural: 963 Hz
Fuerza Física▮▮▮▯▯▯▯▯▯▯ (333 / 999)
Fuerza Vital▮▮▮▯▯▯▯▯▯▯ (326,228 / 999,999)
Fuerza Voluntad▮▮▮▮▮▮▯▯▯▯ (663,093 / 999,999)

¿Quién es Sham Zafiro?
Sham Zafiro es un artista y productor musical mexicano que entiende la música como una forma de documentar procesos reales, no como un producto pulido para encajar.
Sham Zafiro empezó a querer cantar desde niño, no por fama ni por escenario, sino por una idea muy concreta: comprarle a su madre la libertad financiera que merecía. En la primaria, la música no era un plan de carrera, era una promesa silenciosa. Su relación con el sonido empezó grabando a escondidas, sin micrófonos ni estudios, usando lo que tenía a la mano. En la primaria grababa voces en el baño con un reproductor MP3, más por necesidad que por ambición. No había técnica, pero sí urgencia por decir algo.
Sus primeras referencias no venían de la radio, sino del anime. Música motivadora, épica, emocional, diseñada para empujar al personaje a levantarse. Ahí nació la asociación entre sonido y propósito. Al mismo tiempo, quería ser rockero. My Chemical Romance por un lado, Drake Bell por otro. Distintos, contradictorios, pero igual de intensos.
Después llegaron las influencias inevitables: Cartel de Santa, y más tarde el rap que carga historia y peso —Nas, Tupac, Biggie— junto a voces conscientes del español como Bocafloja, Akil Ammar, Hache ST. Todo eso convivía sin orden, sin género definido, solo como necesidad de expresión.
El trap apareció después, y con él el autotune. No como máscara, sino como herramienta emocional. Una forma de doblar la voz para que cargara más intención que técnica. Más tarde, casi sin buscarlo, llegó el perreo. Primero a través de sus compañeras de secundaria, que bailaban, que lo movían, que lo conectaron con el cuerpo antes que con el discurso. Al principio fue curiosidad. Luego gusto. Luego algo que empezó a crecer sin pedir permiso.
Con los años pasó por estudios profesionales, aprendió producción, mezcla y estructura, y llegó a montar un estudio independiente junto a “D” a.k.a. Brysa. Ahí entendió cómo funciona la industria desde adentro: tiempos, costos, estándares y límites creativos. Esa etapa le dio control técnico, pero también le hizo cuestionar qué tanto la “calidad” puede alejar al artista de la emoción original.
Paralelamente, Sham escuchaba R&B sin saber que eso era R&B. The Weeknd y Majid Jordan fueron una puerta abierta: melodía, oscuridad, vulnerabilidad y ritmo conviviendo en el mismo espacio. Con el tiempo entendió que lo que realmente lo hacía vibrar no era un género específico, sino un patrón: el pulso africano que atraviesa el reggaetón, el R&B, el soul, el afrobeat y muchas músicas negras del mundo.
Ahí apareció la conciencia técnica. Entender que para decir algo ahí, había que mejorar. Respiración, flow, ritmo, estructura. No bastaba con sentirlo.
Hoy, Sham Zafiro está en un punto distinto. No está buscando encajar en una categoría existente. Está construyendo lo que él mismo llama Afrosoul: una mezcla personal de ritmo africano, sensibilidad soul, narrativa urbana y experimentación sonora. No como etiqueta de marketing, sino como consecuencia natural de todo lo que escuchó, vivió y absorbió.
Hoy, Sham graba gran parte de su música con el celular de forma consciente, no por falta de recursos. La decisión es conceptual: volver a un sonido más crudo, más cercano, más humano. El error, el ruido y la imperfección forman parte del mensaje.
El proyecto actual no busca demostrar perfección, sino coherencia, no busca un hit inmediato, sino construir una narrativa más grande donde música, imagen y concepto conviven. El álbum funciona como una pieza inicial de algo mayor, ligado al universo Vibras, y como el primer paso para fundar un sello independiente que impulse a otros artistas desde una lógica más justa y creativa. El sonido, a veces crudo, a veces cercano, responde más a la intención que al estándar.
Sham Zafiro no se presenta como un artista terminado. Se presenta como alguien que sigue cumpliendo una promesa que empezó en la infancia, usando la música no solo para sonar, sino para liberar.
Esto no es un cierre.
Es el punto donde todo empieza a tomar forma.